Pistol, retrato de un punk nihilista

“Aquí me expulsaron”. “Este soy yo”, dice Víctor Arrocha, uno de los músicos más importantes del punk canario. Lo cuenta desde La Gomera, caminando sobre los ripios de su infancia.
Al otro lado de la cámara, asistiendo al estriptis emocional, el periodista José María de Páiz y el fotógrafo David GP; Alejandro Aguilar componiendo la banda sonora original de esta autobiografía, y Luis Guadalupe editándola. Cuatro lanzaroteños cuentan la historia de Pistol, “el último punk”.
Víctor Arrocha, alias Pistol, nació junto al establo de una casa tradicional gomera, en un entorno rural que vivía despacio, cultivando la tierra a la sombra de la fortaleza de Argodey. “Aquí descubrí que el silencio tiene sonido”, dice el batería de Familia Real, Ataúd Vacante, Brutalizzed Kids y 13 Motos. “No me pidas que le ponga palabras, porque no se puede”.
Cuando José María de Páiz lo entrevistó en Héroes del rock canario, le “desmontó el estereotipo”. Era un punk nihilista, un hombre profundamente vinculado a su madre, que dice “si Dios quiere” y que vota a la derecha. “Es el underground canario”, asegura de Páiz.
A los 7 años dejó atrás una infancia feliz, rural pero marcada por una enfermedad, para irse a vivir a Tenerife, “a un barrio [Los Gladiolos] que luego se convierte en barriada, con la droga inundando las islas”. Eran los años 60 del franquismo y aquel fue un cambio de mil pares de amperios. Las ramblas de Santa Cruz, aquellas noches largas, chaquetas con imperdibles y, un buen día, unos pintas llamados Sex Pistols en la portada de una revista.
“Don’t be told what you want / Don’t be told what you need / There’s no future / No future / No future for you”.  Pum. Sid Vicious se convirtió en el héroe de este currante de la siderometalurgia al que empezaron a llamar Pistol.

Su primera aproximación a una batería fue un bote de detergente Colón y un cacharro.

“Quería hacer algo más allá de su faceta musical”, dice de Páiz. Y eso hizo. Pistol es el retrato íntimo de un hombre y sus circunstancias. Un tipo de “humor rápido, ingenioso y surrealista”, cuya primera aproximación a una batería fue un bote de detergente Colón y un cacharro.
Uno de los discos que grabó con Familia Real está en el San Francisco Punk Rock Museum. Con Ataúd Vacante perturbó la escena musical de los 90 y también un rato de la vida del periodista Pedro Piqueras, al que le tiraron unas monedas después de una grabación en Telemadrid. “Pegada, intensidad, resistencia, precisión… Pistol reúne todos los requisitos del batería punk”, dice de Páiz. Ataúd Vacante fue mucho y pudo haber sido mucho más. Pistol es único.

Seis horas de rodaje

El documental Pistol se fraguó con una petición (“si aceptas tienes que ser lo más sincero posible, no busco que hables de tu pericia musical, sino de tu vida”), luego vino un “vale” valiente pero reticente (el protagonista planteó algunas líneas rojas que no debían ser rebasadas) y la planificación de secuencias y localizaciones. Finalmente: seis horas de rodaje y un hombre que termina olvidándose de la cámara.
El resultado ha conseguido un cariñoso recibimiento en el Club de Prensa Canaria (tres filas de crestas punkis aplaudiendo y detrás, los señores habituales del Club), un éxito absoluto en Aguere Cultural y sendas proyecciones en la Muestra de Cine Europeo de Lanzarote y en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas. El pasado martes, 8 de marzo, se proyectó en el Monopol Music Festival junto a otros 15 documentales musicales donde Pistol alterna con Nina Simone, Chavela Vargas, David Bowie y Fela Kuti. También con otro músico canario insigne: Ginés Cedrés, protagonista de Hasta el amanecer.
En la producción del documental Pistol  se encuentra otra vez el irreductible Yotty Delgado (Los 80 pasan factura), que sigue reeditando, investigando y visibilizando el rock y el punk del Archipiélago. “Se merece por lo menos un premio Canarias —ríe Jose María— Aunque nunca se lo darán, ni nunca lo recogerá… ¡Sería antinatura!”.
De Páiz, en el Monopol Music Festival.

Cine de guerrilla

“Pistol no es la historia de un músico punk, es el relato de las experiencias y decisiones que le llevaron a tocar la batería”, opina David GP, encargado de la fotografía. “Es una historia cruda pero se lleva muy bien gracias al humor con el que mira la vida”.
David ejecutó un cine “de guerrilla” para grabar esta pieza de 25 minutos, “muy ‘live cinema’” y con una buscada estética a lo Alfio Contini. Rodó con un equipo técnico muy ligero y sin perder ni un segundo en cambios de óptica: “Eso podía significar perder un buen plano: fue un registro inmediato y directo de lo que iba pasando y creo que eso se nota en el film: Víctor lo dio todo”.
Luis Guadalupe, editor del cortometraje, describe a Pistol como un “superviviente”, un ‘personaje’  que se ha paseado “por el lado más bestia de la vida” y con el que se empatiza “desde el primer minuto”.  Alejandro Aguilar, compositor de la música del corto, vio varias veces la obra y siguió su método habitual: “imaginar la música” que debía sonar en cada momento, tomar notas mentales de sus ideas sonoras y darles forma en su estudio, con guitarra eléctrica o teclado. Saber la intención, el estilo y las razones del cineasta también es fundamental. En este caso, Alejandro no necesitó documentarse: “¿Quién de mi generación que haya estudiado en La Laguna no conoce a Pistol?”.
[Publicado en Diario de Lanzarote. Marzo de 2016]
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