El guardián de las semillas

En 1993, el investigador Jaime Gil empezó a recolectar  simientes antiguas de Canarias y a conservarlas en dos neveras de una casa de pueblo, en Conil (Lanzarote).
Aquel archivo doméstico se convirtió en el primer banco de semillas del archipiélago. Veintitrés años después, todo este trabajo de recolección, conservación y estudio se ha volcado en la primera entrega del Atlas Digital de Semillas de Canarias, el segundo de Europa después del Digital Seed Atlas of the Netherlands.
En su casa de Los Valles, la artesana Hortensia Pérez ha custodiado el trigo como si fuera una piedra preciosa. Con su paja ha tejido resistentes y flexibles empleitas para fabricar sombreras y esteras. En Tao viven las últimas personas que cultivaron el lino textil, cuya semilla servía para limpiar los ojos de los picos que se desprenden en la recogida del tuno. Humedecido el mucílago al contacto con el ojo, se genera una mucosidad que consigue arrastrar los pinchos.

 

En peligro de extinción

Jaime Gil se dio cuenta de que existía un importante material vegetal en peligro de extinción. Se lo hicieron ver los agricultores a los que entrevistó durante su estudio sobre los sistema agrícolas tradicionales de Canarias, encargado por el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del CSIC.
“Me hablaban de semillas que ya se habían perdido o que estaban en manos de muy poca gente y muy mayor”, cuenta el ingeniero agrícola. Empezó a recolectar ejemplares antiguos que las mujeres guardaban en botellas de vino selladas, en pajeros y en cajas de tea (“esta fue la última que trilló mi marido”, le dijo una mujer).

DSCN4589

Por aquel entonces, todavía no existían los bancos de semillas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Recogía lo que estaba a punto de desaparecer, secaba el material en una urna, con gel de sílice, y lo conservaba en frío. Así ha conseguido conservar una parte fundamental de la biodiversidad canaria.
Dentro de poco, Jaime tendrá que comprobar la viabilidad de las semillas almacenadas y afrontar su regeneración enviándolas al Centro de Agrodiversidad de La Palma con el que mantiene una estrecha colaboración.

 

Diseño biónico y colección de referencia 

En el Atlas se pueden ver fotografías microscópicas de semillas cultivadas y silvestres, su descripción y uso, un mapa de localización y su pliego de herbario.
El objetivo es triple: ser una herramienta didáctica, aportar una colección de referencia para arqueólogos y ecólogos y ofrecer un espléndido catálogo de diseño biónico (no hay más que ver la trama de la Silene berthelotiana para admirar la belleza geométrica de una diminuta semilla).
El científico estima que harán falta 15 años para terminar la publicación, a razón de 100 fichas por año y 100 € por ficha.
“He querido dar prioridad a las más desconocidas porque la iconografía de las semillas y plantas de Lanzarote es muy reducida”, explica. Google le da la razón: el tajinaste del Teide sale veinte veces más que el chabusquillo en el buscador.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Los inventarios, investigaciones y campañas de recolección que ha desarrollado Jaime Gil han sido financiados por diversas instituciones y por su propio bolsillo. Algunos cultivos, como la papa de la tierra y algunas variedades tradicionales de batata, se están trabajando para que recuperen su productividad y puedan volver a ser sembradas en Lanzarote.
Otras no podrán sembrarse si el clima continúa cambiando. Este es el tercer año que en la isla se registra una única lluvia temprana y fuerte (restos del monzón africano) que preludia una ausencia total de precipitaciones el resto del año. “Cada vez tenemos un tiempo más parecido al del Sahel”, advierte Jaime.
Los investigadores tendrán que concluir qué variedades deben plantarse en una isla, que a día de hoy tiene una gran dependencia alimentaria del exterior. Cada semilla conservada cuenta la historia de un pueblo, un territorio y una forma de vida. Sólo hay que saberlas leer.

 

De la yerbadiabla a la tóxica Peganum harmala

La yerbadiabla (romerillo) “nos la nombraban mucho”, pero no había forma de encontrarla. Hasta que un pastor de Femés (Lanzarote), Marcial Caraballo, vio un ejemplar y lo guardó en el bolsillo de la chaqueta. Son escasas pero aún se puede encontrar en alguna loma de Lanzarote. Es una planta asociada al cultivo de cereales “hemiparásita y tóxica”, pero los campesinos sabían cuándo y cómo dársela al ganado.
En los años 50 del pasado siglo, National Geographic se fijó en una singularidad agrícola de la isla de los volcanes: aquí se cultivaba un millo (maíz) extremadamente pequeño, que apenas crecía en altura. Era el resultado de la selección realizada por los agricultores, que necesitaban unas plantas que diesen buenas piñas y aguantasen el constante empellón de los alisios.
En 1999 un complejo viral arrasó con la producción de batata en Lanzarote. A las cuatro variedades existentes entonces (colorada, blanca, la de seis meses y la de año), se sumó una cubana, de peor calidad pero ciclo más corto, cuya producción se extendió. A día de hoy, La Palma y la comarca de Anaga albergan la mayor diversidad de batata de Canarias (más de 25 variedades). Una de las más apreciadas para elaborar truchas y bollos de boniato “es la que en Tenerife llaman palmera; en La Palma, saucera; en Los Sauces, lanzarotera y en Lanzarote, de ningún modo porque ya casi que desapareció”. Era la sabrosa batata amarilla: la auténtica yema de huevo.
Jaime también ha investigado las semillas traídas a Canarias por la comunidad saharaui y que suelen cumplir funciones medicinales como la cataplasma que elaboran con la tóxica Peganum harmala y que se usa para fortalecer el cabello.

 

En 1999 un complejo viral arrasó con la producción de batata en Lanzarote.
Anuncios