El problema se llama plástico

Los fragmentos de plástico con un diámetro inferior a los 5 milímetros han llegado hasta las regiones más remotas de los océanos.
Están en la orilla de nuestras playas, en el mar profundo, en el estómago de los peces, en algunas sales marinas que utilizamos para cocinar, en la ropa sintética, en ciertas pastas de dientes y cremas exfoliantes que terminan en desagües, alcantarillas y en el mayor vertedero del planeta: el océano.
Su presencia y posibles efectos empezaron a estudiarse hace apenas diez años, cuando se evidenció su impacto en los ecosistemas marinos, lacustres y fluviales.
De Australia a Reino Unido, pasando por el Pacífico Norte, Singapur, Sudáfrica, el Mediterráneo o el Mar del Norte. El problema es global.
Así lo recuerdan los más de 200 científicos de 30 centros de investigación reunidos en Lanzarote en Micro2016, el primer congreso científico monográfico sobre microplásticos, organizado por la Reserva de la Biosfera de Lanzarote y Marine Sciences For Society.
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Participantes en el congreso Micro2016 / Fotografía de Jesús Porteros.

Absorben contaminantes

¿Cómo se fragmenta el plástico? ¿Qué impacto tiene en la vida marina y qué consecuencias socioeconómicas? Hay muchas más preguntas que respuestas pero la comunidad científica lleva años exigiendo que se legisle para dejar de fabricar objetos de un sólo uso con un material que nuestro medioambiente es incapaz de degradar.
Los microplásticos no son tóxicos por sí mismos, pero acumulan contaminantes. Además del peligro físico que implica su ingestión, está demostrado que absorben contaminantes orgánicos persistentes como los bifenilos policlorados, unos compuestos sintéticos usados como aceites lubricantes, resinas aislantes y pinturas antes de que fueran prohibidos en los años 70 “por su poder cancerígeno” y por sus efectos en el medio, dice el Ministerio de Medio Ambiente.
Las pequeñas partículas de plástico se han incorporado a la cadena alimentaria y aparecen en reservas de agua potable. Afectan a individuos invertebrados (reduciendo su velocidad de natación hasta inmovilizarles, lo que supone su muerte), a cetáceos (el 100% de que vararon en las costas gallegas en los últimos años había ingerido microplásticos) y dañan gravemente a algunas aves que los confunden con comida, sufriendo intoxicaciones, heridas internas, úlceras y bloqueos intestinales.
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Microplásticos en la playa de Famara / Fotografía de Proyecto Microtrofic  (Carlos Reyes).

El proyecto Microtrófic

El grupo de investigación en Ecofisiología de Organismos Marinos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria estudia desde septiembre de 2015 la presencia de microplástico en playa Lambra (La Graciosa), la playa de Famara y la playa de Las Canteras (Las Palmas), todas ellas expuestas a la corriente canaria y, ya se conoce, “altamente contaminadas con microplásticos”.
El proyecto se llama Microtrofic y evaluará durante cuatro años el impacto del microplástico en estos ecosistemas afectados. En su blog publican un diario de trabajo donde explican la metodología que utilizan, las técnicas (arrastre en el mar con una red manta, análisis de sedimentos a pie de playa) y sus objetivos. También han tomado muestras en Arrecife, frente a la salida del emisario submarino, para compararlas con las recogidas al Norte de La Graciosa.
Hace un mes, el equipo de Agüita con el plástico realizó acciones formativas en la playa de Famara, con alumnos del proyecto RedECO. Los resultados obtenidos fueron “angustiantes”: en 8 cuadrículas de 1 m² se recogieron alrededor de 3,3 kilos de microplástico y 3,1 kilos de macroplástico.

 

En 8 cuadrículas de 1 m² se recogieron alrededor de 3,3 kilos de microplástico y 3,1 kilos de macroplástico.

El lago Kallavesi

En Finlandia, el lago Kallavesi se hiela cinco meses al año, ofreciendo una excelente oportunidad para comprobar la distribución de sus microplásticos. Así lo ha hecho la University of Eastern Finland, descubriendo que los dos tipos predominantes son el polietileno (bolsas de plástico, anillas de refrescos) y el polipropileno (tapones de botellas, sogas). Las concentraciones en este lago finlandés, reserva de agua potable, son más altas que la media y “muy preocupantes”.
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En Río de Janeiro están estudiando cómo es el proceso de absorción de los componentes tóxicos y qué efecto tienen en las granjas de mejillones en la ensenada de Jurujuba. El centro de investigación Helmholtz ha comprobado que afectan a las comunidades bentónicas que habitan las regiones más remotas del mar y la expedición Race for water, que estudia los tipos y la concentración de microplásticos en distintas regiones (Bermudas, Azores, Hawaii, Marianas…), ha demostrado que los peces planctívoros también ingieren los microplásticos, cada vez de menor tamaño y más abundantes.
El resumen lo escribía en Twitter, la divulgadora científica Elisabetta Broglio: “La mayoría de organismos analizados en diferentes zonas del mundo han ingerido microplásticos”.
Las conclusiones todavía se están redactando. Pero hay tres grandes certezas: 1) el microplástico “está en todas partes”, incluso en las más remotas;  2) es urgente “conocer con exactitud” su efecto en el medioambiente, y 3) tenemos que informar del problema y cambiar nuestros comportamientos como ciudadanos, consumidores y gobiernos.

 

En la conferencia internacional de Lanzarote han participado las universidades de Plymouth (Reino Unido), México, Moncton (Canadá), Cornell (Estados Unidos), Maine y Versalles, (Francia), Bruselas, Pernambuco (Brasil), Siena (Italia), Latvijas (Letonia), Galway (Irlanda), Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz y la Politècnica de Catalunya, además de otros organismos científicos como el Instituto Español de Oceanografía, el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Unesco y la Comisión Europea.

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