La cosa más seria del mundo

En los años 80, cuando un chiste no te hacía ni puñetera gracia, se podía zanjar levantando una ceja o mandando saludablemente a la mierda a su autor. Cero dramas, bastante smile.

Rozando los calendarios el año 2020, la disconformidad con el humor se ha convertido en ofensa y, a lo peor, en querella.

En gran medida, este drama es una magna obra de la Ley Mordaza (oficialmente, Ley de Seguridad Ciudadana) y de la permanencia de delitos como el atentado contra los sentimientos religiosos, el enaltecimiento del terrorismo o las injurias a la Corona.

Este cóctel ha conseguido:

  • Condenar a penas de cárcel por hacer chistes sobre Carrero Blanco
  • Encarcelar músicos, titiriteros y organizadores de manifestaciones
  • Judicializar el humor

El rapero Valtonyc, tres años y medio de prisión por esto:

La estudiante Cassandra Vera, un año de prisión y siete de inhabilitación absoluta por tuitear “Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella”.

Las revistas satíricas El Jueves y Mongolia, denuncias a tutiplén por practicar la sátira y tonificarnos el cerebro.

Eneko las Heras, despedido por hacer su trabajo:

La lista de damnificados es larguísima e inaudita.

Más de 120 humoristas gráficos y cómicos han firmado el manifiesto Humor Amenazado, que pide a los medios de comunicación “respeto” a su independencia y a un oficio, hermoso y fundamental, que nos hace reír y ejercitar el pensamiento crítico.

 

 

 

 

 

 

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