Ultimátum al plástico

Los científicos llevan desde los años 70 aportando evidencias del gravísimo problema que supone la contaminación plástica. La acción ciudadana se ha activado. ¿Qué falta? Acción y voluntad política.

EOMAR es un grupo de investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria especializado en el análisis de los organismos marinos. Una de sus líneas de estudio es la contaminación por microplásticos, que en el archipiélago canario afecta sobre todo a las costas orientadas al norte y al noreste.

Durante un año, entre 2015 y 2016, la doctora en Biología Alicia Herrera y otros miembros de su equipo visitaron, dos veces al mes, las playas de Famara (Lanzarote), Lambra (La Graciosa) y Las Canteras (Las Palmas) para recoger muestras de microplástico que el oleaje deposita a diario sobre la arena.

La mayor parte del plástico llega a Canarias procedente de otras partes del mundo, a través de la corriente marina del Golfo y de su rama descendente, la corriente de Canarias. Un elevado porcentaje de lo que pisamos en las orillas son pellets de resina o de carbón mineral (la materia prima con la que se elabora el plástico) y ya se encuentra de manera habitual en el estómago de varios peces y aves.

La salvaje playa de Lambra, en pleno Archipiélago Chinijo (parque natural, reserva integral y zona de especial protección de aves) es una de las áreas más afectadas. Su nombre deriva de la palabra ámbar, porque hace varios siglos aquí se solía encontrar el preciado ámbar gris, la secreción biliar del cachalote. “Reminiscencias de una época en la que el mar estaba más poblado de ballenas y menos poblado de plásticos”, dice Alicia.

Alicia Herrero durante su trabajo de campo.

Alicia Herrero durante su trabajo de campo.

A pesar de ser la playa menos frecuentada de las tres estudiadas por EOMAR, es la más contaminada. Salvaje, paradisíaca, pero con una polución plástica “similar a regiones industrializadas como Hong Kong”. Además de plástico, los investigadores encontraron algo inesperado: “importantes cantidades de alquitrán”.

Salvaje, paradisíaca, pero con una polución plástica “similar a regiones industrializadas como Hong Kong”

En la isla de Alegranza el alquitrán se ha unido a la basura plástica y a las rocas “formando una especie de conglomerado”. ¿Vertidos desde barcos en altamar? ¿Restos de antiguos vertidos? Es necesario estudiar la procedencia de esta contaminación para saber cómo eliminarla.

Fauna marina afectada

Los investigadores de EOMAR han diseccionado 120 caballas (Scomber colias) a la venta en cofradías y pescaderías de Canarias. Encontraron microplástico en el estómago del 78% de los animales, en su mayoría fibra sintética de ropa, pero también fragmentos plásticos y restos de pintura. “Son peces que se alimentan de pequeños organismos de menos de un centímetro y comen cerca de la superficie. Supusimos que estarían más expuestos a confundir su alimento con los plásticos flotantes”.

Otro trabajo desarrollado por Anna Štindlová detectó el año pasado fragmentos de plástico en el 33 por ciento de las bogas (Boops boops) analizadas. El investigador del CSIC, Airam Rodríguez, estudió el contenido gastrointestinal de 85 ejemplares de pardela (Calonectris diomedea) muertos debido a la contaminación lumínica en Tenerife y los datos fueron alarmantes: “El 83 por ciento de las aves tenían en el estómago una media de ocho piezas de plástico por individuo”.

A las tortugas marinas les afecta el plástico macro y el micro. Más de la mitad de sus ingresos en los centros de recuperación de fauna silvestre de Canarias se deben a enmallamientos en redes, sacos de rafia, bolsas de plástico, etc. Patricia Ostiategui y Ana Liria-Loza estudiaron sus heces y constataron también la presencia de microplásticos.

Los PCBs (bifenilos policlorados) del plástico pueden ser cancerígenos y provocar la mutación de genes en la fauna marina. “En los seres humanos, la exposición a altos niveles, puede afectar la fecundidad, el desarrollo infantil y el sistema inmunológico”, recuerda Alicia.

De izquierda a derecha, de arriba a abajo: fibras sintéticas, fragmentos de plástico, restos de bolsas, restos de pintura y restos de redes encontrados en el estómago de las caballas estudiadas.

Conferencia Micro 2018

Del 19 al 23 de noviembre de 2018, Lanzarote volverá a ser la sede de Micro 2018, una conferencia internacional que reunirá a científicos de varios continentes para proponer soluciones al impacto de los microplásticos. Será la segunda vez que la isla acoja esta cumbre científica global.

“Espero más participación de los responsables de las políticas medioambientales en España, así como de autoridades locales (Cabildos y Ayuntamientos). Los científicos ya hemos presentado evidencias más que suficientes, es hora de pasar a la acción y ahí es necesaria voluntad política”, dice Alicia, que pide medidas efectivas para mejorar la recogida de envases y reducir el plástico de un solo uso.

¿Cuál es la decisión más urgente que debería tomar la administración para abordar el problema de la contaminación plástica? La investigadora lo tiene claro: “Lo primero es enfrentar el hecho de que tenemos que reducir el consumo de plástico”. Mejorar el sistema de recogida de envases y de reciclaje, educar a la ciudadanía y plantearnos, con mucha más seriedad, la implantación del sistema de depósito, devolución y retorno de envases que ha sido un éxito en países como Alemania, donde alcanzan un 98,5 por ciento de recuperación.

“Además hay que generar un cambio de conciencia: entender que tenemos un gran poder como consumidores. Si dejamos de consumir ciertos productos, porque vienen empaquetados en plástico o son desechables, llegará un momento en que se dejarán de producir o se empaquetarán con materiales alternativos”.

Cada habitante de la Unión Europea utiliza una media de 200 bolsas de plástico al año. En España, según datos de Ecoembes, sólo el 10% de las bolsas reciclables llegan al contenedor amarillo. La asociación de productores plásticos de Europa, Plastic Europe, dice que produce anualmente 322 millones de toneladas de plástico y que el 40 por ciento se destina a empaquetados de un sólo uso. El resultado: energía empleada para que entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico acaben contaminando el mar cada año.

En España, según datos de Ecoembes, sólo el 10% de las bolsas reciclables llegan al contenedor amarillo.

Paradójicamente, los productores de plástico apoyan proyectos educativos, de investigación y de reciclaje, incluso firman declaraciones mundiales buscando soluciones para las basuras marinas. Hacen de todo, menos plantearse la reducción de su producción o la transformación de su industria.

Bola de alquitrán, plástico y roca.

Bolsas de plástico y voluntad política

Desde el 1 de enero de 2018 los comercios no pueden entregar gratuitamente bolsas de plástico y a partir del 1 de enero de 2020 se prohibirá definitivamente su existencia en todo tipo de establecimientos. “El cobro por las bolsas de plástico ya se aplica en muchos comercios y no ha demostrado ser muy efectivo”, valora Alicia.

En vez de apuntar a la reducción de la producción y consumo de plástico, son políticas que ponen “parches” para reducir su impacto ligeramente. El consumidor suele confundirse con la terminología y “sigue utilizando bolsas degradables creyendo que no tienen ningún impacto medioambiental”.

A las bolsas ‘degradables’ se les añaden aditivos para que se degraden más rápido. Siguen siendo plástico que se fragmenta y permanece. Las bolsas ‘biodegradables’, que se fabrican a partir de almidón de patata o de otros recursos naturales renovables, sí se pueden descomponer en nutrientes y biomasa, pero el proceso requiere “ciertas condiciones de oxígeno, temperatura, luz y presencia de microorganismos” que los vertederos no siempre cumplen.

Anuncios