Comerse el norte

Aterrizamos en el aeropuerto de Loiu a bordo de un avión de Vueling, una de las tres compañías que conectan Lanzarote con el valle donde muere el Nervión. Ola de calor. Nos sudan hasta los carcañales. Hemos pasado los 150 minutos de vuelo comiendo galletas y fruta, aplastando champiñones en nombre de Mario Bros, leyendo La doble vida de las hadas (SantiSigue leyendo “Comerse el norte”